Catalina Göpel 13 de enero de 2018
Nuestro
país se convirtió en un refugio para los seis magistrados venezolanos
opositores al gobierno de Nicolás Maduro que en 2017 pidieron asilo político.
Hoy cuentan cómo es su vida a casi tres meses del escape y cómo se adaptan
gracias al apoyo del Gobierno, mientras en Caracas la crisis política continúa
profundizándose.
Ahora
su vida es más calmada. Elenis Rodríguez Martínez es una de las tres mujeres
del grupo de seis magistrados venezolanos que el 19 de octubre llegó a nuestro
país en busca de refugio. Ellos juraron junto a otros 27 funcionarios el 21 de
julio, ante la destituida Asamblea Nacional. Todos están acusados por los
supuestos delitos de traición a la patria y usurpación de funciones.
Antes
de huir de Venezuela, Rodríguez, una reconocida abogada que defendió al prófugo
Antonio Ledezma y al disidente Leopoldo López, había logrado ingresar junto a
los otros jueces a la residencia del embajador Pedro Felipe Ramírez, en
Caracas. Por más de 50 días recibieron protección debido a las amenazas en
ascenso del chavismo. La misma casa hoy resguarda al primer vicepresidente del
Parlamento y líder opositor, Freddy Guevara.
Tiempo
después, el canciller Heraldo Muñoz le comunicó al grupo el asilo político. Sin
embargo, tuvieron que esperar varias semanas antes de concretar el escape a
Colombia para luego viajar a Chile. Lograron salir en momentos en que Ramírez
visitaba Isla Margarita para supervisar la situación del periodista
chileno-venezolano Braulio Jatar. “Corrimos mucho peligro y arriesgamos
nuestras vidas en un viaje de más de 700 kilómetros hacia la frontera, uno de
nuestros autos chocó y sufrimos un accidente”, cuenta Rodríguez.
La
jurista, junto a Beatriz Ruiz Marín, José Fernando Núñez Sifonte y Zuleima Del
Valle González, fueron los primeros en llegar al país. Luis Manuel Marcano
Salazar tuvo un problema logístico y arribó en otro avión horas más tarde.
Empezaba su periplo en Chile.
La estadía
“Estuvimos
durante 45 días hospedados en un hotel en Providencia”, dice Nuñez, recordando
las cinco habitaciones que tuvieron en el hotel RQ, a pasos del metro Pedro de
Valdivia. Todas tenían cocina integrada y baño privado, a la espera de la
Cancillería, que en paralelo buscaba departamentos para que comenzaran a tener
una vida un poco más normal.
“Gracias
al gobierno hemos tenido esa pequeña estabilidad en la parte doméstica, de
tener nuestro espacio”, relata Ruiz, que fue instalada en un departamento
amoblado de dos habitaciones y dos baños. Todos, por separado, fueron ubicados
en condiciones similares.
Ruiz
comenta que lo más difícil ha sido administrar correctamente los gastos
cotidianos, como las comprar en el supermercado. Todos elogian la variedad de
productos que existen, frente a la profunda escasez que se vive en Venezuela.
“Vivo en el centro de Santiago, camino dos cuadras para comprar y cocino de
todo: sopa, arroz, carne, pollo, pescado. Nos parecemos mucho en la comida”.
Algunos,
sin embargo, no son aficionados a la cocina, y para su sorpresa, la gran
cantidad de platos preparados que se venden en los supermercados chilenos han
ayudado, y mucho, a echar a andar su vida en Santiago.
“La
sorpresa que me lleve fue en el supermercado cuando vi envases de comidas
preparadas, aliños picados, porque busco facilidades para mi alimentación”,
dice Rodríguez.
Desde
Cancillería afirman que en su calidad de asilados, los magistrados “actualmente
habitan departamentos cuyo canon promedio de arriendo es de $450.000 y se les
entrega una manutención mensual de $600.000 en espera de que puedan generar sus
propios ingresos”.
Porque
la meta es que consigan trabajos y hagan su vida cada vez más independientes de
la ayuda estatal. También se les prestó ayuda para la obtención de documentos
de identificación como la visa de residente temporal, acceso a salud pública
(todos están inscritos en Fonasa) y asistencia para la inserción laboral.
Si
bien han sostenido reuniones con autoridades y Universidades -reciben constante
apoyo monetario y profesional de la Asociación Nacional de Magistrados de
Chile- hasta ahora, sólo Luis Manuel Marcano ha conseguido un empleo,
permitiéndole vivir y mantenerse como independiente. Hoy es investigador
docente en la Universidad San Sebastián, para las cátedras de Teoría del
Derecho y Filosofía Jurídica. Marcano comparte oficina con otros académicos, a
la espera de que en marzo reciba su propio espacio. Quienes lo conocen lo
definen como un abogado muy aplicado que constantemente recuerda sus vivencias
en Venezuela.
Experiencias
La
soledad es uno de los enemigos para estos abogados refugiados. Del Valle es la
única que ha podido traer a su marido y a su hija. El resto se comunica a
diario con sus parientes a través de correo electrónico, Whatsapp o
videollamadas. “La tecnología ayuda mucho”, dice Rodríguez y agrega “no lo voy
a negar, mis primeros días lloré mucho. Cuando me vi en una habitación que no
era la mía y que no estaba en Venezuela me di cuenta de lo que pasaba y me
afectó muchísimo, porque tengo apego a mis familiares”. Elenis es divorciada y
si bien no tiene hijos, dejó a su mamá, a sus hermanos y a su sobrino Santiago
de tres años.
Para
José Fernando Nuñez, quien se califica como el vocero del grupo, el domingo
pasado fue particular. Como los demás, no ve a su esposa ni a sus tres hijos
desde el día en que se refugió en la embajada. “Estaba fastidiado, mis
compañeros estaban todos ocupados o fuera de Santiago. Claro, tengo el
computador, trabajo en mis cosas, pero la soledad es una mala compañera”, dice
esperanzado en que los próximos meses su esposa llegue al país.
Durante
su estadía, Nuñez cuenta que ha logrado organizarse económicamente y eso le ha
permitido enviar medicinas a Venezuela para sus familiares a través de
conocidos que viajan a Chile. También, como los demás, ha podido recorrer el
país, pero en sus paseos por el centro de Santiago y Providencia dice que lo
que más llama la atención es el comercio. “Es sorprendente la expansión
económica que disfruta el pueblo chileno hoy en día. No solamente en cuanto a
la magnitud de los centros comerciales, también los pequeños negocios de
personas que tienen una fuente importante de ingresos”, señala.
La incertidumbre
No
existe una fecha estimada para que estos seis venezolanos retornen a su país.
Mientras sus pares continúan en abierta disputa con el gobierno de Maduro, la
crisis social, política y económica pareciera estar lejos de terminar. Ayer, la
líder de la Asamblea Nacional Constituyente, Delcy Rodríguez, volvió a
arremeter contra Muñoz, que apuntó contra la efectividad de los diálogos de paz
entre el gobierno y la oposición en Santo Domingo. Maduro, en tanto, insiste en
su candidatura para las presidenciales de 2018.
Mientras
tanto, los magistrados continuarán armando sus vidas en Chile, compartiendo la
solidaridad del refugio y esperando que el tiempo pase, y que en Venezuela las
cosas se arreglen para que puedan regresar.

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