Humberto García Larralde 09 de noviembre de 2024
Los
venezolanos hemos sido testigos de cómo uno de los países más ricos de América
Latina, el nuestro, se fue transformado, en el lapso de tan sólo una década, en
uno de los más pobres, en competencia con Haití, Honduras y Nicaragua. Aun así,
en la medida en que caía la actividad económica nos ilusionábamos con la idea
de que estábamos “tocando fondo”, por lo que vendría el inevitable “rebote”
hacia la recuperación. Pero sucede que siempre se puede estar peor. Hoy, en el
marco de la inestabilidad política y social que trajo la violación de la
voluntad popular por parte del madurismo al arrogarse, falsamente, el triunfo
en las elecciones del 28-J, se acentúan tres problemas básicos de nuestra
economía que, de no ser atendidos acertadamente, llevarán a un retroceso aún
mayor.
El más
acuciante es el encarecimiento acelerado en el precio del dólar y la brecha
creciente entre su cotización oficial y la del mercado paralelo. En efecto,
desde el 28-J el deslizamiento del tipo de cambio en este último ha sido de un
20% y el diferencial con el precio del dólar anunciado por el BCV de igual
magnitud. Cabe señalar que durante los primeros nueve meses del año el
Instituto Emisor contuvo su cotización por debajo de los 37 Bs/USD, pero en el
último mes se vio obligado a devaluar en más de un 17%, en persecución del
dólar paralelo. Recordemos que la política antiinflacionaria de “anclaje
cambiario”, junto a la astringencia crediticia (encajes elevadísimos) y la
contracción drástica del gasto, sobrevaluó el bolívar. Pero ahora, en el
contexto de la incertidumbre y desconfianza sobre el futuro del país provocada
por el arrebato electoral que pretende Maduro, la población acentúa su demanda
de divisas. Y, dada su escasez, el BCV ya no puede evitar el alza en su precio.
Es previsible, por ende, que se incremente la inflación, perjudicando aún más
la capacidad de compra de los asalariados, en particular, de los empleados
públicos, cuyas remuneraciones están congeladas desde hace dos años. Golpea
significativamente, además, al sector privado, pues debe fijar sus precios
según la cotización oficial, pero la reposición de sus mercancías
frecuentemente se hace con el dólar paralelo. El respiro que ofrecen las
exportaciones de la empresa Chevron es insuficiente. Sólo las posibilidades de
una salida pacífica, consensuada a la crisis del país podrá atajarse este
descalabro.