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| En San Carlos, Estado Cojedes |
María Teresa Rosales 16 de enero de 2018
Los
días y sobre todo las noches se han vuelto tensas y peligrosas en casi toda
Venezuela. En las carreteras, grupos de personas interrumpen el tráfico, revisan
todos los vehículos, buscan comida; de los camiones con carga se llevan todo.
Otros protestan por la escasez, furibundos atacan tiendas, las vacían, sus
desesperados dueños lloran impotentes.
Los
camioneros ya no quieren trasladar alimentos, temen por sus vidas. Hay un
estado de zozobra. En su desesperación por obtener comida, venezolanos han
iniciado una ola de protestas y saqueos que dejan cinco muertos, heridos,
decenas de detenidos y escenas dantescas como la persecución y matanza a unas
200 vacas, por turbas que invadieron haciendas en el estado de Mérida. “Tenemos
hambre, aquí la gente está sufriendo”, dicen en un video.
Miembros
de la Guardia Nacional Bolivariana intentan frenar los saqueos y refuerzan la
vigilancia en los supermercados, rodeados de muchedumbre en busca de alimentos
con precios rebajados, ordenados por el gobierno de Nicolás Maduro. Para muchos
hacer fila desde las 03:00 ha sido en vano, los locales están desabastecidos,
con sus perchas vacías.
La
crisis ya se ha vuelto insostenible y ha agudizado la huida de venezolanos,
incluso arriesgando sus vidas, como el grupo de 34 que intentó llegar a
Curazao, pero la pequeña embarcación se partió en dos y cinco de ellos
murieron, otros nueve están desaparecidos.
“La
oleada migratoria se va a intensificar”, dice María Teresa Rosales, venezolana
residente en Ecuador desde hace cinco años, quien lamenta la salida de
venezolanos de su país.
Para
quienes reciben remesas de sus familiares que han emigrado es un alivio, así
sea 20 o 30 dólares; recibir unos 100 dólares en Venezuela es mucho dinero, con
ello pueden conseguir alimentos, aunque mucho más caros, comenta. Para quienes
no tienen ese respaldo la vida es angustiante, sufren por la escasez y dependen
de un sueldo básico de 790.000 bolívares, que no alcanza.
“Tengo
tres semanas sin conseguir nada (…), ahora la situación no es que está difícil,
sino que está mala. Solo un kilo de azúcar cuesta 155.000 bolívares”, dijo un
caraqueño al diario venezolano El Nacional.
Los
pocos ingresos se gastan en alimentos. Un litro de leche cuesta unos 60.000
bolívares, un kilo de queso supera los 300.000 bolívares. La compra de estos
productos equivale a aproximadamente el 70% del salario básico.
Para
tomarse un café en Venezuela y pagarlo en efectivo, usted debe ir tres días al
cajero automático, retirar 10.000 bolívares cada día (cupo máximo) y no gastar
‘naaaada’ hasta que se tome el café, siempre rogando que en ese lapso no le
suban el precio, escribió en Twitter la venezolana Giovanna De Michele. (I)

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