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| CIE de Aluche en Madrid, el lugar donde el gobierno de Pedro Sánchez centraliza los trámites de asilo. |
PD América 08 de diciembre de 2018
"Mucha gente es generosa en España,
pero no entiendo por qué el país, el país en sí, se ha olvidado"
Solicitar asilo en
España se ha vuelto mucho más que un dolor de cabeza, el gobierno socialista de
Pedro Sánchez no ha movido ficha y parece estar atascado en un burocratismo que
no genera ninguna respuesta concreta, a excepción de aquel acto populista de
recibir al Aquarius.
Janice acaba
de aterrizar en Madrid, a las 4.00 de la mañana. Son las 9.30 horas y ya está,
con maletas y todo, sentada bajo una carpa en el patio de la comisaría
central de extranjería de Aluche. Hace cuatro meses que le rajaron las
tripas a su marido en San Carlos, Honduras, y lo cuenta sonriendo
aunque sorprenda. Porque está feliz mirando a sus enanos, Wesley y Sneider,
de 5 y 3 años. Juntos, como el jugador holandés.(La
patada del socialista Pedro Sánchez a los solicitantes de asilo: "Vuelva
en diciembre de 2020")
Quiero
que sean futbolistas, si yo agarro un buen trabajo aquí en España les voy a dar
la oportunidad, ése es el futuro que quiero para ellos
Hace
frío y corre un aire racheado y húmedo aquí, en el sur de Madrid. Han pasado
cuatro décadas de democracia con gobiernos municipales de todo pelaje,
pero Aluche sigue siendo lo que era en muchos sentidos:
grandes avenidas, señales destartaladas, pocos árboles y muchos descampados.
No hay
nada que pare el frío viento cortante del otoño madrileño, que corre libre. Es
viernes y Manuela Carmena ha cerrado el centro de Madrid.
Todos los medios abren sus noticieros con los guardias informando y las rayas
rojas en la calzada de lo de Madrid Central.
Una de
esas entradas -por así llamarlas- a la almendra cerrada de la capital está en
la plaza de Cibeles, la sede del Ayuntamiento. Hace tiempo que de
su fachada ya no cuelga el "Refugees Welcome". El
edificio donde ejerce la alcaldesa y Madrid entera parecen haberse olvidado de
aquella urgencia.
Salimos
de la crisis económica, y no sólo el Consistorio se fija en cosas burguesas
como el tráfico del centro, también el Ministerio del Interior
socialista practica las antes denostadas devoluciones en caliente en
Ceuta o despide a 94 funcionarios interinos de la Oficina de Asilo y Refugio
(OAR).
Despidos en la Oficina de Asilo y Refugio
Son 65.000
expedientes los que se acumulan en los armarios de la OAR, 65.000 historias
como la de Janice, o la de su hermano Kelvin, cinco años en España y
todavía provisional, "con esa tarjeta roja que me dieron en
2013", explica.
Kelvin
ha ido a recoger a su hermana y los sobrinos al aeropuerto, han venido directos
a Aluche, "a ver dónde se pueden alojar", confían.
Pasadas las horas sabrán que de allí sólo se llevarán un papelito.
Si en
el verano de 2015 se convocaron manifestaciones, se colgaron pancartas y
arreciaron las críticas políticas al Ejecutivo -entonces del PP- ¿qué
ha cambiado desde entonces?, ¿qué ha mejorado? En realidad, nada.
Entonces,
de urgencia, se convocaron esas casi 100 plazas de expertos en migraciones y
gestión pública para la OAR porque el cajón rebosaba al pasar de 5.000
a 15.000 los expedientes acumulados. Esos 65.000 de hoy se convertirán
en 70.000 al acabar el año, según fuentes de la AOR. Pero las cartas de
despido ya han empezado a llegar a los funcionarios, se van este 8 de
diciembre.
El
Sindicato Unificado de la Policía (SUP) y CCOO se han hecho eco de las noticias
publicadas por EL ESPAÑOL. Al tiempo, Ione Belarra, portavoz de
Unidos Podemos en el Congreso lamenta que "el ministro
Marlaska no atienda a razones". En declaraciones a este periódico,
Belarra denuncia que, después de presentar una Proposición No de Ley el pasado
lunes, "le hemos pedido una reunión pero aún no ha
contestado".(William
Cárdenas: Protección Temporal, la decisión está en manos de Pedro Sánchez)
"A veces, logro juntar 10 días de
trabajo al mes"
Janice
no sabe nada de todo esto y sus pequeñajos se suben y bajan de pie de los
bancos bajo la carpa, tirándose el zumo encima del abrigo. "En
Honduras no se puede vivir, la policía está corrupta y hay muchas maras [bandas
juveniles]", cuenta torciendo el gesto, "hemos venido
aquí para quedarnos, como mi hermano". Kelvin cuenta que lleva cinco
años, que trajo a su mujer y sus hijas a los dos de vivir en Madrid. Que a
veces junta diez jornadas de trabajo en un mes, poniendo pladur, y que espera
que el abogado le diga cuándo se arreglan del todo los papeles.
Aún
les queda un buen rato para que a su hermana y a los los atienda niños el
policía que hace la primera gestión, quizá dos horas. Puede que tres.
Mariana, de alta ejecutiva a huir de
Venezuela
Ese
agente, asignado a esta carpa de las cuatro o cinco que se ven en este patio
-hay otro patio al otro lado-, acaba de desearle buenos días a una
mujer rubia, de unos cuarentaytantos, guapa y con una gabardina de buena
presencia. Parece la abogada del chico al que acompaña, muy moreno, muy
alto, aterido y encorvado de frío.
Antes
de salir para rodear el Centro de Intrernamiento de Extranjeros (CIE)
que, contiguo, ejerce de fantasma amenazador, se paran a hablar con el
periodista. Y no, ella no es abogada, es una alta ejecutiva con décadas de
experiencia en transnacionales. Sólo que ahora no: "Hace año y
medio tuve que vender mi carro", explica, "un caucho
cuesta 80 dólares en Venezuela y, ¿sabes cuál es el sueldo mínimo? Dieciséis
dólares... No podía mantenerlo".(William
Cárdenas: Legislación europea avala la Protección Temporal para venezolanos en
España)
Se
llama Mariana, llegó hace 15 días de Valencia, Venezuela, y ha
venido con su hijo, Vincenzo a recoger su cita. "Mira
lo que te dan después de esperar, este papelito". Es cierto, es un
papelito, de no más de cinco centímetros de largo por dos de ancho. "Sin
sello de nadie, sin membrete de nada... te dan una fecha, eso te dan".
Mariana, que confiesa 51 años, tendrá que ir a una oficina a mediados
de marzo de 2019. ¿A qué? "A ver si mi expediente
empieza". Es decir, cuatro meses de limbo. Ya es un avance: hace una
semana, las citas eran para otoño de 2020.
"Ok",
concede con sonrisa cansada a la observación del reportero, "pero ¿y
mientras?".
Eso es
lo que uno viene a averiguar. Mientras ni sí ni no, ni Mariana puede
trabajar ni la van a echar, porque consta que está "en
trámites", le ha dicho el policía, no sin antes advertirle que ésa
es la teoría. Porque ese papel "no le da derecho a nada ni le
protege de nada".
Vincenzo,
27 años, mira la conversación, e interviene cuando su madre entra en detalles
sobre su otra hija, de 14, que se ha quedado en Valencia, lejos, "sin
comida, sin medicinas, muriendo de hambre o de un resfriado, porque
si allí te enfermas mueres... salvo que tengas con qué pagar en el mercado
negro". Vincenzo dice que bueno, que a lo mejor en Italia...
Él
tiene nacionalidad italiana, y no quiere que uno le hable de Salvini,
y de que las puertas se han cerrado en el país de origen de su padre, al que no
llegó a conocer. "Murió cuando yo estaba embarazada",
tercia Mariana. "Pero yo tengo pasaporte italiano, algo
podremos hacer, allí es más fácil que en España".
"España se ha
olvidado"
Mariana
está agradecida, explica, pero triste. "Mucha gente es generosa en
España, pero no entiendo por qué el país, el país en sí, se ha olvidado".
Ella sabe de lo que habla. Si Vincenzo es italiano es porque a Venezuela
llegaron muchos europeos cuando a este lado del charco no había de dónde
sacar. "Y Venezuela era un país rico, que acogió a
españoles, italianos... ¿Por qué ahora se han olvidado tanto, tan
pronto?".(Salvador Pimentel Roja:
"Venezuela está en estatus de 'Crisis Humanitaria Severa'")
Si
antes Janice sonreía mientras confesaba el asesinato de su marido, porque
estaba feliz pisando suelo español -"no quiero volver nunca a Honduras,
el futuro de mis niños es España"-, Mariana relata el horror
de los esbirros de Maduro como si contara una película que vio
anoche.
Sin
ansiedad pese a los hechos, relata cómo los encañonaron los del Sebin -el
Servicio Secreto del régimen chavista- en las marchas de protesta del año
pasado. "A mi hijo y a mí nos apuntaron así", y hace
el gesto de sujetar un subfusil desde lo alto hacia abajo. Y uno la
imagina de rodillas en el suelo viendo la boca oscura del arma, pero ella no
tuerce el gesto. "Mi país se está vaciando, salimos todos", y
mira a los ojos, "sólo quedan los que se contentan con esa bolsa
de comida gratis, que está podrida y con animalitos dentro, y los que viven
del régimen".
Luego
explica que están viendo si sacar a su hija por Colombia, porque los
chavistas no le quieren dar el pasaporte a la chica. "La
gente sale descalza por Cúcuta, días y días de marcha desesperada, pero traerla
por allí es mucho más caro... veremos".
No
ayuda que vaya a tardar hasta marzo para empezar a saber de su situación legal,
tampoco lo de Salvini, aunque de eso eviten hablar. "Iremos al
consulado a ver, aunque allí no nos dan cita", interviene Vincenzo.
Colas nocturnas en Aluche
Hace
unas semanas que saltaron a los medios las imágenes de las colas nocturnas de
cientos de personas en Aluche. Familias enteras, como la de Janice, como la de
Mariana, echando horas para coger un papelito. Su situación es tan precaria que
todos pidieron no ser fotografiados para este reportaje.
Tras
el escándalo, la Policía ya ha logrado que desaparezcan las colas,
poniendo más agentes... y entorpeciendo la labor del periodista, al que
prohíben hablar con los solicitantes de asilo dentro del patio y hacer fotos
fuera de él.
¿Y
ahora? "Ahora iremos a casa", responde Mariana,
explicando que una amiga -"bueno, una conocida, pero que se está
portando muy bien"- la tiene alojada estos días en Madrid. "Iremos
a casa y seguiremos moviéndonos para buscar soluciones, porque de aquí a
marzo... Huí de Venezuela porque aquello es el infierno, este
desalmado ha destrozado el país en cuatro años, y en vez de recibir amparo
recibo un papelito".(William Cárdenas: "Hay 30
buques 'Aquarius' de venezolanos encallados sin respuesta en territorio
español".)
Cuando
se despiden, Janice sigue en la carpa. Aún no la han atendido. Ya no
sonríe tanto, pero insiste en que está feliz, y acaricia a los enanos, que
ya están inquietos y gimotean de puro cansancio. "Ese papel
significa que tenemos futuro", dice. Y da las gracias mientras su
hermano Kelvin pone gesto de pereza. Ya sabe lo que viene. Él lleva cinco años
esperando.

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