Briamel González Zambrano 05 de diciembre de 2018
Desde
hace unos años se implementó una ley en España que incluye la realización de un
examen tipo test entre los requisitos obligatorios para obtener la nacionalidad
española. En la prueba hay preguntas sobre geografía, costumbres del país, las
fiestas, los idiomas que se hablan, política, arte y cultura general.
Hice
el examen en 2016 y recuerdo que cuando repasaba las preguntas, interrogaba a
mis compañeros de trabajo. A ellos les parecía alucinante porque había muchas
respuestas que desconocían. Una decía siempre: "Bria aprobará y yo, que
soy de Madrid de toda la vida, no sacaré ni la mitad de la nota". Reíamos.
Les
cuento esta anécdota porque noto que, de vez en cuando, se pone en tela de
juicio la venezolanidad de quienes nos fuimos. Es algo recurrente e irritante.
Sobre todo porque cada quien lleva y expresa a su país de una manera personal y
como le apetece. No creo que nadie tenga la vara correcta para medir eso.
Cuando
migras, puede cambiar tu acento, pueden cambiar las palabras que usas, tu habla
cotidiana. Cambia (casi seguro) tu forma de vestir si te vas a un país con
estaciones, cambia también tu percepción de casi todo.¿Y qué con eso? Al final,
migrar es también un viaje hacia ti
mismo.
Resulta
que esas transformaciones naturales y lógicas, no lo son tanto para cierta
gente. Entonces es cuando escucho burlitas, chistes o tonos socarrones si alguien celebra
Halloween , el 4 de Julio o el Día de
Acción de Gracias en Estados Unidos, o
el Día de Muertos en México, o el Carnaval en Río, o las Fiestas del Pilar en
España. La mayoría de quienes hemos llegado a un país nuevo queremos (y
debemos) aprender de esas costumbres que nos son ajenas, comprenderlas,
estudiarlas y adaptar a nuestra vida aquellas que nos gusten.
No
tiene nada de malo participar. Vives en esa nueva sociedad y quieres formar
parte de ella. Esto parece una perogrullada, pero hay que aclararlo a quienes
piensan que dejas de ser venezolano por conjugar los verbos de otra manera, por
vestir distinto, comer otras cosas y por analizar de forma crítica lo que pasa
en Venezuela.
No hay
que tener una camiseta de la Vinotinto,
ni escuchar cada día a Simón Díaz, no hay que hablar caraqueño rajao, ni bailar
joropo para saber y sentir de dónde vienes. Cada uno es venezolano a su manera
y ese es su derecho.
Creo
que por mi fenotipo, nunca pararán de preguntarme de dónde soy y lo diré
siempre: De Puerto Ordaz, estado Bolivar, Venezuela. Ahora España es mi casa y
me gusta, la quiero y la respeto. No es incompatible. Lo incomprensible es que
haya quien no lo entienda.

A eso se le llama integracion. Uno debe aprender a vivir en otro pais con sus costumbres y tradiciones. Excelente articulo
ResponderEliminar