María F. Segnini 09 de febrero de 2019
Han
pasado 3 años desde la última vez que pude abrazar a mis padres aquellos que
dieron todo e hicieron todo lo necesario para que yo creciera sin la ausencia
de amor, educación y siempre allí apoyando cada uno de mis sueños o hobbies,
desde la música hasta la fotografía, el modelaje o incluso dirección orquestal.
Tres
años sin abrazar a mis hermanos, esos niños inteligentes de los que me siento
orgullosa de tener en mi vida, porque son la luz de mis ojos; tres años sin ver
a mi familia, siempre tan dedicada a hacer de los momentos juntos, los
recuerdos de toda una vida. Tres años desde la última vez que reí de las
ocurrencias de mis amigos, aquellos con los que compartí y crecí, con los que
lloré y me disgusté, por cosas que hoy jamás volvería a decir o hacer sólo para
no estar lejos de ellos como lo estoy el día hoy.
No voy
a decir que no extraño mi país en lo absoluto porque sería una mentira enorme…
Cómo podría decir que no extraño las Arepas por las mañanas, las vacaciones de
verano en la playa con mi prima, las gaitas en época decembrina, las Hallacas
hechas por la familia y los abrazos de las personas que amamos cada 31 de
Diciembre después de las 12 campanadas.
Cómo
podría decir que no extraño las aventuras que viví en mi ciudad natal y también
en aquel pueblito caluroso donde crecí, donde conocí personas buenas y malas,
donde probé diferentes cosas y aprendí de ellas, donde conocí por primera vez
el amor y donde me desilusioné también por primera vez, donde desarrollé mi
personalidad, donde entendí que es lo que realmente me apasiona y lo que
también me baja los ánimos, donde peleé por lo correcto y aprendí a decir
perdón luego de mis errores.
Cómo
decir que no extraño el aire puro que se respira en nuestro pedacito de tierra
ubicado en el mar Caribe, los atardeceres, el cielo azul con esas nubes
enormes, la naturaleza y el carisma de las personas, la confianza y la
felicidad.
Por
ahora lo llamaré pasado, porque de no ser por un pasado tan genial, jamás
podría haber llegado hasta donde estoy. Al salir de mi país entendí que cada
uno de los días que vivimos de jóvenes, son solo lecciones para aprender a
lidiar con las pruebas de la vida cuando ya empezamos a ser adultos.
Vengo
de un país que, durante mi infancia, era el mejor lugar del universo, o para mí
lo era, que desafortunadamente es un país en el que hoy en día el dinero no
alcanza ni siquiera para sobrevivir, donde las personas deben pasan hambre por
la escasez de alimentos, donde los niños deben evitar jugar en la calle para no
tener que luego correr por sus vidas, donde los jóvenes dejan de soñar
despiertos y todo se convierte en una pesadilla, donde los adultos deben
esforzarse el triple y que al final nada sea suficiente, donde los ancianos
deben decidir entre comprar comida o medicamentos en caso de que los logren
conseguir. Todo por culpa de una gobierno nefasto al que durante la cena no le
falta ni un plato de comida, un grupo de ladrones que le arrebataron la alegría
y los sueños a millones de personas, que le arrebataron la vida y la felicidad
a miles de familia y que privaron de libertad a personas de almas puras, libres
y fuertes.
No soy
la única y última venezolana que ha emigrado, pero me alegra que hoy en día, mi
historia sea algo que valga la pena contar. Porque no sólo se trata de lo que
vemos en redes sociales, de lo que vemos por la televisión o lo que escuchamos,
también se trata de empezar de cero, sin familia, sin amigos, sin dinero, sin
hogar, sin trabajos, con sólo la esperanza y la fuerza de cumplir nuestros
sueños para estar más pronto que tarde reunidos con nuestros seres queridos una
vez más o hasta nuestros últimos días.
No
quiero hablar sólo de mi experiencia sino también te invito a conocer o a quizá
probar algunas de las cosas que me han hecho seguir de pie en el otro lado del
mundo.
Mi
nombre es María Rincón y te lo digo desde el otro lado del mundo: Sonríe una vez
más que los momentos malos tienen fecha de vencimiento y la mayoría de las
veces traen consigo algo increíblemente bueno, no todo depende del destino sino
de tus acciones, no te des por vencido por creer que jamás vivirás la vida que
siempre has soñado con la gente que has soñado y siendo lo que has soñado.
Cuando creas que es muy complicado, solo recuerda cuándo y por qué empezaste a
construir tu futuro, recuerda el por qué estás en esa situación, recuerda por
qué buscaste un nuevo destino y una nueva vida.
Además
piensa en qué genial es el trayecto hacia el éxito, lo mucho que puedes
aprender, conocer, probar o explorar… Afirma que preparándote como persona y
como profesional podrías también ser parte de ese cambio que quieres, bien sea
para ti mismo, en tu familia, en tu comunidad, en tus seres queridos y
principalmente parte del cambio del lugar que te vio nacer, crecer y soñar por
primera vez.
Tomado
de: https://diasporavenezolana.net/2019/02/09/no-todo-depende-del-destino-sino-de-tus-acciones/

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