Eduardo Matute 31 de mayo de 2019
@edmatute
Bertha
Lucía Fríes es una amiga bogotana, cuya amistad la iniciamos en predios
universitarios en Barquisimeto, hace 40 años. En febrero del 2003, salió herida
de gravedad en el atentado terrorista del Club El Nogal, en Bogotá. El mayor
atentado de las FARC contra civiles. Sobrevivió, y después 9 años de
recuperación de sus heridas –físicas y mentales–, ha dedicado sus fuerzas en la
promoción del reencuentro y perdón en la sociedad colombiana. Sus palabras en
la conmemoración del décimo aniversario de ese acto terrorista reflejan esa
actitud:
“Hoy a
mi lado se encuentran mis hermanos de humo y fuego (Pedro Carreño y Valentina
Rendón, aunque ella no esté presente), profesor de baile de esa noche y nuestra
querida actriz de televisión, respectivamente. Como muchos de los
sobrevivientes, todos tenemos una historia de cómo logramos salvarnos.
Uno se
apoyó en su hijo, otros en el vecino de esa noche, otros en aquellos que
siguieron cumpliendo con la misión de servicio, como el personal del club. Los
que logramos salir tuvimos un ángel que nos acompañó
Hay
historias de historias, todas únicas, unas más felices que otras, y las hay de
aquellos que perdieron a ese alguien o que quedaron en estado de invalidez. La
mía tiene un componente muy grande de solidaridad. Pedro y Valentina esa noche
expusieron su vida por mí hasta el último minuto, en donde lo imposible se
volvió posible: sacarme debajo de una pared en un estado muy crítico (aunque
ellos no lo sabían, mi columna estaba fracturada y luego con diagnóstico de
cuadriplejía).
A
pesar de las voces de que había que evacuar y de que las llamas nos estaban
pisando los talones, y no lo digo como un decir sino como una realidad, ellos
seguían intentando salvarme… Estábamos en el piso 5o., y el hueco que dejó el
carro bomba era nuestra puerta del frente, que permitía ver las llamas del
infierno. De ahí emanaban fuego, humo, olores, y yo, a escasos metros, debajo
de una pared imposibilitada. No quiero detenerme en mi cuento, sino en algo que
esa noche practicaron muchos… la Solidaridad.
Mucho
se habla de valores, pero ¿cuánto se practican? Hay valores en acción y hay
valores sin acción. Aquella noche los “Pedritos” y “Valentinas” practicaron el
valor de la solidaridad, actuaron sin medir las consecuencias, cada uno
exponiendo su vida, y yo y otros vivimos ese acto de bondad
¿Qué
es Solidaridad? Es un valor que trasciende; es dar de sí a pesar de las
consecuencias; es pensar en el otro y dejar de pensar en uno
La
solidaridad no tiene color político, distingos de raza, de clases, ni sexos.
Maneja el componente de compasión, ve con los ojos del corazón los problemas
del otro. Es un valor que practicamos en situaciones difíciles. La solidaridad
es confiar; la solidaridad es no solo con amigos, familia, sino con seres
humanos en general, incluyendo los desconocidos actuales y los futuros que aún
ni siquiera existen.
Si
solidaridad, además, es aquel sentimiento que mantiene a las personas unidas y
con un sentimiento de confianza en todo momento, sobre todo cuando se viven
experiencias difíciles de las que no resulta fácil salir, entonces, ¿por qué no
seguimos construyendo solidaridad para sacar a nuestro país de aquellas
situaciones difíciles?
Diez
años han pasado y me pregunto: ¿qué nos dejó esta experiencia dentro del Club?
¿Somos mejores seres humanos? ¿Somos mejores miembros de familia? ¿Somos
mejores empresarios? ¿Somos mejores patronos o jefes? ¿Somos mejores
ciudadanos? ¿Somos conscientes de nuestros actuares en cada acto de vida?
Y,
claro, esto lleva a pensar ¿y qué es ser mejor?… Sí, cada uno tiene sus propias
definiciones, pero los efectos se palpan. El ser mejor se traduce en
familias armónicas, empresas donde den ganas de trabajar, patronos o jefes
dignos de imitar, empresas en donde las decisiones se tomen sistémicamente
pensando en todos los involucrados y los efectos que se tiene en los otros,
comunidades en donde reina la confianza, relaciones cálidas donde el diálogo es
parte de la cultura.
Si
tenemos mejores familias, patronos, jefes y mejores empresas, entonces tenemos
un mejor país. ¿Y es eso lo que tenemos hoy? Pasarán otros 10 años y
seguirá vigente la Solidaridad de mis hermanos de humo y fuego y la esperanza
de tener un mejor país digno para los hijos, nietos y nuevas generaciones.”
Hoy,
Bertha Lucía auspicia un camino de diálogo entre participantes de las FARC y
sus víctimas, entendiendo que la paz y el desarrollo social, parten de la
comprensión y el reconocimiento del otro. Largo camino para una sociedad
profundamente dividida. Lecciones para el futuro de los venezolanos.
Eduardo
Matute
@edmatute

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