Venezuela
clama por un cambio profundo. Las encuestas, las conversaciones cotidianas, las
quejas por el padecimiento de la población -hambre-, así lo confirman. Este
gobierno es rechazado por cuatro de cada cinco venezolanos. Nadie los quiere.
Pero
la historia enseña que los deseos no preñan. Que los cambios hay que
orquestarlos. No basta llegar al gobierno. Macri en Argentina, Bolsonaro en
Brasil y recorriendo un poco la historia, Violeta Chamorro en Nicaragua, son
pruebas de ello. Ganaron las presidenciales en medio de gran algarabía popular
y en la siguiente elección… pasaron a la oposición.
El
caso boliviano, un poco diferente, también deja aprendizajes. Llegaron al
gobierno y fueron derrotados en posteriores elecciones por presentarse
fragmentados. Dios quiera Venezuela no los imite…
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