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| Ambato, Riobamba y Santo Domingo ahora están en la ruta de los llaneros. En esas ciudades han encontrado mayores oportunidades de trabajo. Foto: Cristina Márquez/EL COMERCIO |
Cristina Márquez
Modesto Moreta y
Bolívar Velasco
Redactores (I)
9 de septiembre de
2017
Las ciudades medianas de la Sierra centro y la Costa
son los nuevos destinos de los
venezolanos que llegan al Ecuador en busca de estadía temporal y una fuente de empleo.
En estas urbes se empieza a desconcentrar el flujo migratorio que en principio se
estableció en Quito y Guayaquil. Es una suerte de migración
interna de llaneros que ahora prefieren Ambato,
Riobamba y Santo Domingo para emprender en actividades que les permitan
subsistir.
Según la Asociación
Civil Venezolanos en Ecuador, sus compatriotas llegaron a las principales
ciudades por referencias de amigos y
familiares. Pero con el pasar del tiempo se dieron cuenta que hay mejores
opciones para emprender en otras urbes del país.
Para ellos, se trata de zonas que aún no han sido
explotados por tantos venezolanos. No hay datos
sobre cuántos extranjeros de ese país se han movido por este éxodo.
No obstante, las autoridades de esas ciudades
estiman que llegaron 1 200 personas, por las referencias que se tienen de las actividades que hacen,
principalmente en el comercio informal
en las vías.
Al Ecuador ingresaron entre 24 000 y 36 000
venezolanos desde que se agravó la crisis
en ese país en el 2016, según datos de la Asociación Venezolanos en Ecuador.
El movimiento comercial de Ambato fue un imán para que 600 venezolanos instalaran sus propios
emprendimientos de venta de galletas,
comida, caramelos, inciensos... Los comercializan en las calles, avenidas,
en las plazas y mercados de la capital de Tungurahua.
Yanin Durán comercializa a diario 40 bocadillos de harina, bañados con miel
y cubiertos con queso rallado, que en su país se llaman golfeados. Cada uno se
vende en USD 0,60 en el centro de Ambato.
Los ingresos
le permiten financiar el arriendo,
la alimentación y los estudios de su
hija de 15 años. La madre, de 35 años, es de Maracay y arribó a Quito en febrero de este año. Luego se trasladó
a Ambato porque consiguió un empleo como enfermera,
su profesión, en una clínica local.
Sin embargo, en junio pasado fue despedida. “No
sabía qué hacer y pasé dos semanas ensayando con varios negocios. Vendí sánduches, pero me fue mal, por eso decidí vender
estos panes que son tradicionales en Venezuela y acá están teniendo acogida”.
La Asociación de Venezolanos en Ecuador señala que los migrantes arriban
dispuestos a emplearse en cualquier actividad, independientemente de su perfil profesional.
Otros, con el poco dinero que traen compran
artículos y con las ventas generan recursos
para pagar el arriendo, enviar algo de dólares
a Venezuela y reunir para la visa. Así explica Daniel Regalado, director interinstitucional de la Asociación.
En Riobamba
hay cerca de 300 venezolanos que llegaron durante el último año y se dedican al
comercio informal. La describen como una ciudad tranquila y pequeña, donde la
vida es económica y aún hay opciones para crecer. Eliott Palacios fue uno de los primeros venezolanos en llegar a la
capital de Chimborazo.
Él salió de su país en abril del 2014 y decidió
radicarse en esa ciudad del centro del país, por la recomendación de uno de sus amigos, quien ya vivía ahí.
“Fue difícil los primeros meses, me encontré con
gente muy desconfiada y tuve un fuerte choque
cultural”, cuenta Palacios. En un inicio llegó solo, pero tres años después
pudo traer a su esposa, a su madre y a sus hijos. Hoy, los cinco miembros de la familia dependen de un negocio
de importación y venta de celulares
que emprendió junto a un socio. Allí trabaja junto con dos compatriotas,
quienes arribaron a la ciudad el último año.
En Santo Domingo hay al menos 300 venezolanos
vinculados al comercio informal. Venden bocaditos, galletas, accesorios para
vehículos, golosinas, peces en
fundas...
Ellos aprovechan la luz en rojo de los semáforos y las puertas de salida de
los planteles educativos para ofrecer sus productos. Frank Rincón lleva un tablero en su mano en el que exhibe
ambientales para los autos. Cada uno cuesta USD 1,50 y diariamente vende las 20
unidades que muestra al público.
Llegó a Santo Domingo hace seis meses, luego de
estar en Quito un par de semanas en casa de un compatriota.
En la capital se enteró que la ciudad donde ahora
hace sus ventas es muy movida comercialmente, por tratarse de una zona de paso
entre las regiones de la Sierra y la Costa.
Cuenta que es una urbe con un clima cálido y con gente emprendedora que lo motiva cada día para
continuar con su pequeño negocio.
Según la oficina del Ministerio de Relaciones
Exteriores y Movilidad Humana en Santo Domingo, los extranjeros venezolanos que
están en la urbe arribaron por invitación
de familiares y otros compatriotas. Dayro
Lugo, de 37 años, es de Caracas y llegó hace 10 meses a la tierra Tsáchila.
Sus familiares que viven en esa provincia le
pidieron que se involucrara en el negocio de la imprenta que montaron hace tres años y eso lo animó a viajar desde
Quito, donde se encontraba desempleado.
René Milano, en cambio, reside desde hace
tres años en tierras tsáchilas. Su padre, quien ya vivía en esta urbe, le pidió
que viajara a Ecuador para que viviera más seguro. Desde entonces abrió una
academia de modelaje que dirige con
su esposa.
En contexto
Según las autoridades se calcula que 1 200
venezolanos se instalaron en Ambato, Riobamba y Santo Domingo. Entre julio y
agosto hubo una llegada masiva de venezolanos por el puente de Rumichaca,
frontera con Colombia, por la crisis en su país.
Tomado de:

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