Diana Ferrero 12 de enero de 2018
Tras dos años de impago, los pensionistas
de Venezuela se sienten olvidados y maltratados por los gobiernos de Venezuela
y España
Abril
de 2016: último mes que los pensionistas dependientes de Venezuela tuvieron
noticias de su pensión. El pago correspondía a un retroactivo del año 2015. A
partir de esa fecha ya no llegarían pagos, ni les darían explicación alguna de
por qué eran suspendidos.
Llevan
dos años de lucha, pidiendo al gobierno de Venezuela que reinicie los pagos y
al de España que realice todas las acciones necesarias para hacer cumplir el
convenio bilateral que los ampara y que les permita acceder a las ayudas que
otorga este país. Pero un gobierno por omisión, y el otro por extensión, los ha
relegado a un olvido difícil de explicar.
Es
imposible entender por qué dos gobiernos abandonan a personas de la tercera
edad, cuyo único sustento proviene de sus pensiones, por las que cotizaron
puntualmente durante sus años laborales.
Estas
personas han mantenido una lucha constante por Twitter (@IVSS_Exterior y
@difg_bcn son cuentas abanderadas en esta lucha). Han contactado con distintos
partidos políticos para pedir ayuda, en este sentido tanto Ciudadanos (Nacho
Prendes), como el PSOE (Mercè Perea) han sacado adelante PNL’s en el Congreso
de los Diputados. Ciudadanos (Marilén Barceló) intentó, sin éxito, una moción
en el Ayuntamiento de Barcelona. También han buscado apoyo de Podemos (Txema
Guijarro) pero éstos desaparecieron al tiempo sin aportar solución.
Han
contactado con el Ministerio de Exteriores, con la ministra de Empleo y
Seguridad Social, con la Casa Real, con el embajador de España en Venezuela,
con los Defensores del pueblo de distintas Comunidades Autónomas y con el de
España. Este último, el Valedor do Pobo (Galicia), fue quien más interés
prestó. También se recurrió a eurodiputados de distintos partidos políticos,
siendo Beatriz Becerra quien más de cerca sigue la problemática.
Han
pedido ayuda a la OEA, a la ONU, a distintas organizaciones no gubernamentales
de España y el mundo que luchan por los DDHH.
Han
solicitado ayuda a la Embajada de Venezuela en España, a los distintos
consulados de Venezuela (Madrid, Vigo, Barcelona).
Han
solicitado a personas públicas relacionadas con Venezuela en España que se
hagan eco de su situación: Fabiola de Osborne, Bertín Osborne, Boris Izaguirre,
Virginia Troconis, Manuel Díaz, Rosanna Zanetti, David Bisbal, Carlos Baute,
Leopoldo López Gil(padre del preso político venezolano Leopoldo López), Antonio
Ledezma (preso político venezolano que huyó del país).
Han
contactado a periodistas y programas de televisión para pedir visibilidad: Ana
Rosa Quintana y los periodistas que acuden a su programa, Ana Pastor, Susanna
Griso, Antonio García Ferreras, Programa de Ana Rosa, Espejo Público, Jordi
Évole y su programa Salvados.
Fue
precisamente Jordi Évole quien recogió el testigo de una avalancha de
peticiones de estos ancianos, desde que anunciara que entrevistaría a Nicolás
Maduro en su programa Salvados, para que le planteara la problemática al
mandatario venezolano. Quienes siguieron la segunda parte de dicha entrevista,
fueron testigos de que el Presidente Maduro reconocía el impago hacia el
colectivo de pensionistas, y prometía a Évole que la situación se solucionaría
en el mes de diciembre.
A
partir de la emisión del programa, y sin faltar a la cita diaria, a través de
las redes sociales los pensionistas le recordaban a Nicolás Maduro su promesa,
con un count down que iba dejando en evidencia que el mes de diciembre se
agotaba sin que se diera una solución al problema. Recibieron el nuevo año sin
que en la cuenta de los pensionistas en el Banco Santander apareciera ni un
solo pago de los 40 que adeuda el Gobierno de Venezuela: 25 meses de pensión, 6
aguinaldos -paga extra- y 9 retroactivos correspondientes a los 9 aumentos de
sueldo que se han producido a lo largo de estos dos años.
Muchos
de los pensionistas del colectivo son españoles retornados, la mayoría de ellos
cumplen los requisitos para acceder a los complementos a mínimos que establece
el Gobierno de España. Al ver que los pagos de Venezuela se suspendían y
pasaban los meses sin solución, muchos solicitaron esta ayuda. Cómo si no
tuviesen suficientes problemas, se encontraron con la negativa de la Seguridad
Social, que aducía que no les correspondía dicho pago ya que la pensión que
tenían asignada (aunque no cobrada, y es un hecho conocido por el propio
Gobierno de España) superaba los límites exigidos para acceder a los
complementos.
Resulta
insólito argumentar que la pensión que deben cobrar de Venezuela supera el
límite para acceder al cobro de los complementos a mínimos, ya que está claro
que no se puede ir a comprar medicinas, comida, pagar la luz, el agua o el gas,
el alquiler de la vivienda y demás gastos si no se está percibiendo el único
ingreso con que cuentan estas personas.
Cómo pueden no tener acceso a una ayuda, si desde hace 2 años no reciben
la pensión.
Bien
asesorados, muchos de ellos recurrieron a la justicia y demandaron a la
Seguridad Social. En todos los casos con sentencia se da la razón al
pensionista. Pero ¿es necesario que estos ancianos pasen por estos trámites
para que se haga justicia? ¿tan difícil es facilitarles el acceso a las ayudas
sin necesidad de que recurran a la justicia e inviertan tiempo y un dinero que
muchas veces no tienen?
Parece
que el universo se ha propuesto que estas personas no levanten cabeza. Dos
gobiernos miran hacia otro lado, dejándolos a la deriva y sin poder hacer uso
de sus derechos legítimos. En estos dos años ya hemos dado el último adiós a
algunos de ellos. Es duro saber que se fueron viviendo sus últimos días sumidos
en una horrenda angustia. Son muchos los que están dependiendo de la caridad.
La pregunta es: ¿hasta cuándo? ¿Alguien, por fin, va a prestar atención a sus
continuos pedidos de ayuda y a decidirse a tenderles una mano? Piensa: y si esa
persona fuese tu abuela o tu madre, ¿qué harías? Os pedimos a todos los que
leéis estas líneas, que nos deis vuestro apoyo, todos los días en Twitter
elevamos la voz por estas personas, para que no caigan en el olvido y pronto
encuentren alguna solución.

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