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| Jose Dario |
Saúl Noriega 21 de abril de 2019
Por el "boom" petrolero la
llamaban “Venezuela Saudita”. A ella partieron miles de colombianos hace 50
años, ahora es al contrario.
El éxodo
de venezolanos puede hacer recordar la nutrida migración de
colombianos hacia la vecina nación registrada hace más de 50 años. Sin
embargo, hoy se perfila más numerosa y precipitada ante la “huida” que
muchos emprenden por la agresiva crisis.
Los
números, entre oficiales y extraoficiales, así lo apuntan. El gobierno
de Nicolás Maduro calcula que existen al menos 5.600.000 colombianos en su
territorio, cifra que dista de la recogida en el Censo Poblacional
realizado en 2011 que acumuló más de 721.000, mientras que distintas
asociaciones civiles estiman que la cifra real oscila entre 2.500.000 y
2.800.000, todo en cinco décadas.
Datos
que pueden ser comparados con los difundidos por la Oficina de la ONU para la
Coordinación de Asuntos Humanitarios, que calculó que al menos 2,3
millones de venezolanos salieron de su país en los últimos años.
La
llamada “Venezuela Saudita”, fruto del “boom” petrolero y la
expansión de obras fue el gran atractivo para muchos colombianos que
partieron de su tierra en busca de nuevas oportunidades.
Llegaron
desde distintas partes, como José Darío Ruiz, quien salió de Medellín
hace 39 años para instalarse en Caracas, ciudad donde -según cuenta-
encontró lo que buscaba, pero en la última década ese positivo panorama se le
fue desvaneciendo.
“Cuando
yo me vine, todavía estaba joven, tenía un hogar allá. Pero uno siempre
buscaba más estabilidad; no era por falta de trabajo o por no comer, que
es lo que se está viviendo en este país, que por mucho dinero que uno gane
casi no gana con qué comer”, destaca.
Su
casa, ubicada al oeste de la capital venezolana es producto de
su esfuerzo diario, que se capitalizó además con la adquisición de una fábrica
de muebles.
Ambos
lugares se muestran hoy silenciosos y vacíos. Sus dos hijos vivieron
con él y su esposa hasta hace dos años, cuando decidieron marcharse a
Argentina.
Asegura
que “no hay día” que no los extrañe, al igual que la imagen de aquel
país que lo recibió, ya que “nunca” pensó que podría pasar por esta situación.
Su
empresa sigue abierta pero no por ganancia, más bien por un tema de apego
sentimental. “Una fábrica que mantenía a 50 trabajadores, ahora si va uno o
dos no hay trabajo para más. No da ni para los gastos, yo me mantengo con
lo que me mandan de afuera”, relata.
Considera
también que aquella experiencia que vivió hace casi 40 años no
se asemeja con la que se presenta en distintas partes del mundo, principalmente
en Colombia.
“No
veníamos la cantidad que están saliendo ahora porque si veníamos 50 en
el mes, no son los miles que están saliendo ahora”, señala, al tiempo que
descarta su próxima salida del que considera su país adoptivo.
Otros
muchos con descendencia colombiana acuden a diario a las 14 sedes
diplomáticas repartidas en Venezuela para solicitar o renovar
documentos de identificación como cédulas o pasaportes.
El consulado
de Colombia en Caracas se colma durante las primeras horas de la
mañana por muchos connacionales que tienen su próximo paso decidido.
Es el
caso de Arleida Ramos, con 37 años viviendo en Venezuela.
Acompañando a su hija María Alejandra Casiano que pronto desea
estar en Barranquilla, a donde, hace ocho meses, viajó su padre, que
“gracias a Dios le ha ido bien”, según cuenta.
Ramos permite
que su hija se marche ya que considera que oportunidades de un futuro
prometedor no las encontrará en Venezuela, un país que siente extraño.
“Aquí
conseguías vivienda, comida, todo era fácil. El sueldo te alcanzaba para
comer, vestirte, para tener una casa, un carro, lo que uno quisiera”, destaca.
Otros
han apostado a la suerte y se han arriesgado a viajar por “temporadas” hasta
Colombia y luego regresar al país. Rodolfo Piedra, de 24 años, es uno
de ellos. Estuvo cuatro meses a Bogotá y prácticamente está aterrizando en
Venezuela.
“Duré
cuatro meses allá y llegué el viernes, estaba trabajando, pero como no
tenía la cédula no pude trabajar en una empresa como tal”, apunta este hijo
de una colombiana que llegó en 1980 a Caracas.
Ya
realizó los trámites ante el Consulado y espera que “pronto” llegue su
documento de identificación. En días será un número más que abulte la cifra de
migrantes.

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