Jonathan Wilde 08 de enero de 2018
Entre
los numerosos crímenes cometidos por Stalin se cuenta el de la hambruna forzosa
de Ucrania durante los años 1932-1933. Como es común en los países en los que
reina el socialismo, las hambrunas intencionadas se han usado como arma
política utilizada para alcanzar los deseados objetivos contra varias clases.
Las víctimas señaladas en esta ocasión fueron los kulaks, los agricultores
campesinos que tenían propiedad y contrataban a trabajadores.
Cuando
Stalin alcanzó el poder en 1924, vio el nacionalismo ucraniano como una amenaza
al poder soviético, creyendo que cualquier insurrección futura podría provenir
probablemente de los kulaks. Así que decidió aplastarles utilizando los métodos
que tan exitosos habían sido en la URSS durante la política de “liquidación
como clase”. En 1929, arrestó a miles de intelectuales ucranianos bajo falsos
cargos y o bien los fusiló o bien los envió a campos de trabajo en Siberia.
Llevó a cabo la colectivización de las explotaciones ucranianas requisando
todas las tierras y el ganado privados, lo que afectó aproximadamente al 80% de
la población de Ucrania, anteriormente conocida como el granero de Europa.
Declaró a los kulaks enemigos del pueblo.

