Por Jean
Maninat, 27/10/2017
Finalmente,
la falla geológica que recorría la placa tectónica de la Mesa de la Unidad
Democrática (MUD) se abrió estrepitosamente derrumbando triunfos, discursos,
posturas, arrebatos, horas cero y horas locas, y pare usted de contar. Lo que
en diciembre de 2015 -con el triunfo en las elecciones parlamentarias- lucía
como un robustecido edificio, con sus paredes lastimadas aquí y allá, pero con
un equipo dirigente brindando el entusiasmo de ver el hemiciclo de la Asamblea
Nacional (AN) colmado por una mayoría democrática, hoy, veinticuatro meses
después de aquel luminoso momento, luce yermo.
La
decisión de cuatro gobernadores de la oposición -militantes de Acción
Democrática (AD)- de someterse a un acto de fe, laico y antidemocrático, en la
Asamblea Nacional Constituyente (ANC), destapó los demonios alimentados con
esmero por poderosos sectores. La estructura opositora se vino abajo en su
conjunto, y los daños colaterales no dejan a nadie intacto, por más que algunos
celebren entre los escombros, masticando alguna frase de autoayuda interesada,
como: detrás de toda derrota, hay una oportunidad… la mía.
