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sábado, 24 de diciembre de 2022
sábado, 26 de diciembre de 2020
viernes, 25 de diciembre de 2020
lunes, 23 de diciembre de 2019
Las Misas de Aguinaldo, un privilegio tradicional de Venezuela, por @GuardianCatolic
Ramón Antonio Pérez 10 de diciembre de 2019
@GuardianCatolic
Estas celebraciones datan desde la colonia, y se
celebran desde el 16 de diciembre culminando el 24, con el Nacimiento del Niño
Dios
Cantar aguinaldos y villancicos en los templos de
Venezuela es un privilegio concedido por el Vaticano a la Iglesia de este país;
prácticamente, en ningún otro se realizan las tradicionales Misas de
Aguinaldos, a excepción de Filipinas y España, específicamente en las Islas
Canarias.
La mayoría de los templos y capillas las celebran bien
temprano en la mañana, aunque en otros se realizan en la tarde debido al tema
de la inseguridad que no ha dejado de afectar las celebraciones religiosas.
En muchas poblaciones del interior del país todavía se
conserva la costumbre de llamar para misa desde las cuatro de la mañana,
convirtiéndose la Plaza Bolívar en el epicentro de tertulias, juegos y venta de
comidas típicas en los momentos previos y posteriores a la celebración.
La hallaca ETNOGRAFÍA ARBITRARIA DE UN CONDUMIO LOCAL, por @tulioehernandez
Tulio Hernández 10 de diciembre de 2019
@tulioehernandez
En el principio no era la hallaca. Los venezolanos del
siglo XIX y las primeras décadas del XX celebraban las fiestas decembrinas con
diversas cocinas regionales. Es por eso que Ángel Rosenblat, el maestro de las
buenas y las malas palabras, cuando escribe en este mismo Papel
Literario, en 1953, un ensayo sobre nuestro condumio mayor, titulado
precisamente ‘Hallaca’, comenta un texto sobre el tema, escrito por un pionero
de los estudios lingüísticos llamado Adolfo Ernst, y dice que el otro maestro
lo hizo en 1895 “cuando la hallaca no era todavía un plato nacional”.
Pero luego sí lo fue. La hallaca no sólo se hizo
acuerdo en todo el país sino que el quinteto hallaca-pernil-pan de
jamon-ensalada de gallina-dulce de lechoza se convirtio en la sintaxis
culinaria fundamental que ha hecho de Venezuela uno de los pocos países
iberoamericanos en donde todos sus habitantes —como ocurre con el pavo en
el Tahknsgiving estadounidense— se sientan a
comer, a la misma hora, exactamente el mismo menú, con pequeñas
variantes regionales o de inmigrantes extranjeros, para celebrar la Navidad y
la llegada del Año Nuevo.
lunes, 24 de diciembre de 2018
martes, 4 de diciembre de 2018
lunes, 8 de enero de 2018
Venezuela en el corazón, por @levante_emv
Miguel De La Guardia 07 de enero de 2018
La
Navidad no es solo una tradición europea y se nos olvida que al otro lado del
Atlántico hay quien vive estas fiestas con un acento profundamente español,
aunque resulte extraño concebir la Navidad en el trópico o en el hemisferio
sur. Los latinoamericanos se sienten unidos al país que tanto les dio y tanto
les quitó y mal sabemos apreciar ese caudal de aprecio que no ha sucumbido al
desinterés de muchos de nuestros políticos, al desdén de nuestras políticas y,
ni tan siquiera a toda la leyenda negra de la conquista y los desmanes que
acompañaron a ésta y a las guerras de independencia.
En
Venezuela, la Navidad se celebra inventando copos de nieve en centros
comerciales, llenando escaparates de renos y montañas nevadas, construyendo
belenes y festejando al niño Jesús, que es quien trae los regalos el 24 de
diciembre. En el pasado, la aristocracia mantuana se hacía traer de la
península aceitunas, pasas, almendras, que servían en sus mesas. Luego, los
esclavos aprovechaban las sobras y mezclaban los productos de allí, las
alcaparras, aceitunas, carne de cerdo, de pollo y de vaca, con los nativos del
maíz y el onoto, lo envolvían en hojas de banano y lo cocían. Así surgieron las
hallacas.
sábado, 30 de diciembre de 2017
domingo, 24 de diciembre de 2017
La “esperanza” en los relatos del nacimiento de Jesús, por @juanpirancagua
Juan Pablo Espinosa Arce
23 de diciembre de 2017
Al
llegar la medianoche
y al romper en llanto el Niño,
las cien bestias despertaron
y el establo se hizo vivo.
y al romper en llanto el Niño,
las cien bestias despertaron
y el establo se hizo vivo.
Y se
fueron acercando,
y alargaron hasta el Niño
los cien cuellos anhelantes
como un bosque sacudido.
y alargaron hasta el Niño
los cien cuellos anhelantes
como un bosque sacudido.
Bajó
un buey su aliento al rostro
y se lo exhaló sin ruido,
y sus ojos fueron tiernos
como llenos de rocío.
y se lo exhaló sin ruido,
y sus ojos fueron tiernos
como llenos de rocío.
Así
comienza Gabriela Mistral (poetisa chilena) su poema El Establo. Los
versos de la poetisa nos retratan como el llanto del niño Jesús hace que la
vida despunte y que los animales, representados en el buey, en el burro y en
las ovejas, cobren vida. Parece haber un guiño a Isaías 11,9 cuando el profeta
– de manera poética – sostiene que la creación está animada y pastoreada por un
niño. La Gabriela retrata el establo como un espacio de ternura, de convivencia
y de paz. Hay en el pesebre de Mistral un sentido de lo cósmico: es como un
bosque sacudido, hay ojos llenos de rocío, mugidos, ruiditos suaves de los
bichitos, miradas. Es un espacio vivo y que da vida.
jueves, 21 de diciembre de 2017
miércoles, 20 de diciembre de 2017
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